Que la OEA se desentienda de la crisis abierta por el asalto a la flotilla humanitaria por Israel y de la muerte de los activistas de ONGs humanitarias - es una verguenza - ya el mismo presidente Obama la consideró una tragedia en un asunto que, sin embargo, el Departamento de Estado, el Vicepresidente Biden y el presidente parecen tener opiniones distintas. Los gobiernos latinoamericanos han declarado su reprobación: el silencio de la OEA resulta ofensivo. Es probablemente señal de una innecesaria inhibición política internacional de la región. Legado, tal vez, del siglo pasado.
El gran desafío de la OEA para este año es asegurar por todos lo medios que las próximas elecciones de Septiembre en Venezuela se puedan realizar en condiciones de libertad política democrática para la oposición. Marcarán un hito decisivo para América Latina y el Caribe. La relativa normalización democrática que significa el retorno de la oposición a las elecciones y a la Asamblea Nacional plantea desafíos de contención a los abusos de poder del presidente Chávez que la OEA podría encarar.
Así lo hacía entender Insulza al postular a la reelección: aseguraría condiciones democráticas regionales.
Tanto o más importante es el desafío que plantea la situación de los DDHH en Cuba - con el agravante de que allí - la intransigencia y arbitrariedad del gobierno mantiene una situación que ahora sólo la Iglesia ha logrado 'humanizar' tras la muerte de un disidente preso político en huelga de hambre - Orlando Zapata. La parálisis regional cuando se trata de las libertades en Cuba es insostenible.
Son conocidos los temas de debate en curso. Sin embargo éstos no siempre corresponden con aquellos que ocupan al continente de manera decisiva. La OEA parece decidida a evitar líos, con el riesgo de pasar a ser una convocatoria más de las muchas que reúnen regularmente a autoridades regionales y que pasan sin impacto conocido.
Entre los temas actuales está Honduras, que tanto la Secretaria de Estado Hillary Clinton como el Secretario General de la OEA Insulza quieren ver de regreso a la OEA no obstante las constantes transgresiones a los DDHH: desde asesinatos de periodistas a despidos de jueces. Lobo no es Micheletti, pero debiera asegurar los DDHH en el país y la OEA garantizar la realidad de éstos.
Perú plantea limitar el armamentismo regional y Chile, en vista del diferendo, responde con una propuesta de mayor transparencia. Argentina aboga por las Malvinas, pero Estados Unidos no concuerda – señala la corresponsal Ana Baron en Clarín.
México aboga por mayor cooperación contra el tráfico de armas. Los cárteles se proveen en Estados Unidos de armamento sofisticado. El poder de fuego del narcotráfico es uno de los grandes problemas. Insulza sabe que la lucha contra el narcotráfico es clave para el desarrollo político de la región: por su poder corruptor del Estado, como lo ilustra la parapolítica en Colombia. Ha reconvertido a narcoguerrilla a las FARC y a los restos de Sendero en Perú y aumentado los cultivos en Perú y Bolivia. Cuenta con una red continental que acelera la violencia y el crimen por todos lados y en toda la región. La CIDH nos señala como la región de mayor tasa de homicidio del mundo.
La gran ausencia de la Asamblea: Lula. Sin Brasil la OEA se ve disminuida. Es Brasil el país cuyo liderazgo actual redefine asuntos, negociaciones y conflictos en el contexto internacional. Las tensiones recientes con Estados Unidos en temas internacionales – de las negociaciones con Irán - son públicas. Tenemos entonces que Estados Unidos y Brasil son actores internacionales. ¿La OEA no se interesa?

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